A inicios de 2026, los datos finales de tráfico aéreo acumulado al cierre de 2025 en Chile mostraron una realidad que obliga a la industria, al sector público y a quienes hacemos del turismo nuestra vocación a detenernos y pensar con rigor estratégico: el tráfico de pasajeros creció apenas 0,8% en todo el año pasado. (Fuente: Ladevi Chile)
En términos absolutos, más de 28 millones de personas volaron por rutas nacionales e internacionales en 2025, una cifra que, aislada, podría leerse como un logro después de la pandemia. Sin embargo, el detalle de esa cifra y su comparación con periodos recientes revelan que no estamos ante un crecimiento sólido, sino ante un frenazo preocupante. (Fuente: Ladevi Chile)
Lo que muestran los números: desaceleración que golpea al turismo y a la economía regional
Los registros oficiales de la Junta Aeronáutica Civil (JAC) —organismo público encargado de las estadísticas y políticas de transporte aéreo en Chile— indican que, mientras el tráfico internacional logró crecer, lo hizo a un ritmo moderado (≈3,9%), y el tráfico doméstico cayó un 1,5% respecto a 2024, marcando la primera contracción anual desde la pandemia. (Fuente: Ladevi Chile)
Este fenómeno no ha sido aislado: informes mensuales de la JAC mostraron que en noviembre de 2025 el tráfico total cayó 8,2% interanual, con el segmento doméstico retrocediendo más de 10% —un comportamiento que se repitió como tendencia en varios meses del año—. (Fuente: EMOL / Aviación News)
Además, desgloses regionales han expuesto reducciones de doble dígito en rutas domésticas clave —por ejemplo, Santiago–La Serena observó caídas de ~24% en septiembre—, producto de la reasignación de flotas hacia rutas más rentables o ligados a mercados como la minería. (Fuente: El Día)
Este patrón de estancamiento y contracción del tráfico interno no solo tiene efectos sobre estadísticas aeronáuticas: se traslada directamente a la economía y al empleo regional, especialmente en localidades cuya conectividad depende del transporte aéreo para el acceso de turistas nacionales.
Una lectura transversal: lo que dicen los gremios y las autoridades
La lectura de la industria es unánime: los resultados de 2025 no son satisfactorios para un sector que había mostrado ritmos de crecimiento sostenidos. Representantes de la Asociación Chilena de Líneas Aéreas (ACHILA) han señalado que la desaceleración revela una fragilidad de la demanda y un contexto competitivo desafiante, con llamados explícitos hacia las autoridades para fortalecer la conectividad y mejorar marcos regulatorios que atraigan nuevas inversiones. (Fuente: Ladevi Chile)
Desde la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), también se ha enfatizado que los números evidencian que la demanda se ha enfriado y que las aerolíneas enfrentan presiones operativas que pueden limitar su capacidad de expansión en un mercado clave para Sudamérica. (Fuente: Ladevi Chile)
Mientras tanto, el sector público, a través de la Subsecretaría de Turismo y SERNATUR, ha aportado cifras que complementan esta fotografía con datos de turismo receptivo: en enero de 2025 Chile recibió más de 840 mil turistas extranjeros, un incremento de más del 67% respecto al mismo mes del año anterior, reflejo de una fuerte recuperación (especialmente postpandemia) en las llegadas internacionales. (Fuente: SERNATUR / Subsecretaría de Turismo)
Del mismo modo, reportes sectoriales públicos como los barómetros de turismo muestran que el turismo receptivo (llegadas y pernoctaciones) ha exhibido aumentos sustanciales, incluso superiores a los registrados antes de la pandemia. (Fuente: Subsecretaría de Turismo / Barómetro de Turismo)
Este contraste —un turismo receptivo dinámico frente a una conectividad aérea interna debilitada— sugiere que la falla no está en que Chile no sea un destino atractivo, sino posiblemente en que la infraestructura y las condiciones de conectividad no están a la altura de capitalizar ese potencial plenamente.
¿Por qué importa realmente esta caída del tráfico doméstico?
Las rutas internas y la conectividad regional son más que cifras: son arterias de actividad económica y social. Cuando las frecuencias de vuelo caen, cuando las aerolíneas reubican flotas hacia mercados más rentables, las consecuencias se sienten de inmediato:
- Menor flujo de viajeros regionales → afecta directamente a hoteles, restaurantes, servicios turísticos y actividades culturales locales.
- Reducción de opciones de viaje → encarece los pasajes y limita la capacidad de oferta en temporadas altas, reduciendo competitividad.
- Desequilibrios territoriales → los centros más dinámicos (como Santiago o destinos mineros) concentran los servicios, mientras regiones intermedias pierden presencia en redes nacionales e internacionales.
- Pérdida de oportunidades de empleo y encadenamientos productivos locales → pequeñas y medianas empresas ven reducida su demanda y capacidad de planificación.
Este diagnóstico coincide con evidencias de mercado: informes de tráfico aéreo publicados a lo largo de 2025 mostraron, en distintos tramos del año, contracciones en segmentos domésticos de hasta 2,4% o más, mientras que el internacional crecía de manera más moderada comparado con 2024. (Fuente: CNN Chile)
Una mirada estratégica: tres ejes para la acción
Como agencia especializada en turismo, estrategia y desarrollo territorial, desde Táctica Chile creemos que este momento requiere no solo diagnóstico, sino propuestas de política pública y articulación multisectorial orientadas a replantear la conectividad aérea como motor de desarrollo.
1. Reactivar una agenda aeronáutica estratégica nacional
Chile necesita políticas claras y sostenidas que:
- Amplíen la infraestructura aeroportuaria en regiones,
- Incentiven la apertura de nuevas rutas y conexiones,
- Promuevan la competencia de aerolíneas en corredores domésticos y regionales.
Esto puede incluir desde descuentos temporales en tasas aeroportuarias hasta acuerdos de “slots” que faciliten horarios competitivos para aerolíneas interesadas en nuevos pares de ciudades.
2. Fortalecer la alianza turismo-aéreo
No se puede concebir un desarrollo turístico competitivo sin una conectividad eficiente. Es urgente alinear estrategias entre:
- SERNATUR y Subsecretaría de Turismo (en la generación de demanda y promoción internacional),
- JAC y MTT (en la habilitación de capacidad operativa y asignación eficiente de recursos),
- gremios y operadores privados (para co-diseñar ofertas que integren transporte + experiencias).
Chile tiene un turismo receptivo en crecimiento; hay que asegurar que ese crecimiento pueda traducirse en movimiento de personas y economía real dentro del país.
3. Potenciar rutas interregionales como palancas de crecimiento
Más allá de Santiago, hay destinos con enorme potencial —desde Arica hasta Magallanes— que requieren corredores aéreos sostenibles. Rutas como Santiago–Puerto Natales han mostrado crecimientos altos; convertirlas en ejemplos replicables implica:
- medir y segmentar la demanda,
- diseñar subsidios temporales inteligentes,
- conectar esas rutas con productos turísticos integrados.
Este enfoque no solo genera tráfico, sino que redunda en empleo, dinamismo local y posicionamiento de marca país.
La desaceleración del tráfico aéreo en Chile en 2025 no es un dato menor; es una advertencia estratégica para una industria que ha demostrado capacidad de recuperación, pero que hoy enfrenta un escenario de menor dinamismo interno y mayor competencia regional.
Los desafíos son reales, pero también las oportunidades. Chile sigue siendo un país con enorme atractivo turístico y un mercado aéreo con potencial. Lo que falta es una visión y una agenda conjunta que convierta la conectividad en motor de desarrollo sostenible e inclusivo para todas las regiones.
Este es el debate que debemos entablar con sentido de urgencia si queremos que los próximos años sean verdaderamente de consolidación para el turismo nacional y su articulación con la aviación comercial.