El reciente artículo publicado por El Mercurio el pasado 28 de septiembre de 2025, abrió el debate sobre un objetivo ambicioso: que Chile logre recibir 8 millones de visitantes extranjeros hacia 2030. La proyección actual para 2025 es de 5,8 millones de turistas, lo que implica un esfuerzo sostenido en varios frentes si se quiere cumplir con la meta.
Hoy, la discusión sobre turismo suele centrarse en lo evidente: los atractivos naturales que nos posicionan como destino. Sin embargo, la noticia deja claro que la belleza de Chile por sí sola no basta. Hay un conjunto de factores estructurales y operativos que deben ser considerados si se quiere escalar el turismo a un nivel competitivo.
Gobernanza e institucionalidad
En Chile, la gestión del turismo está repartida en varias instituciones, con recursos limitados y muchas veces sin continuidad en el tiempo. Esta fragmentación dificulta diseñar estrategias de largo plazo que trasciendan a los gobiernos de turno. En otros países de la región, organismos con mayor autonomía han logrado impulsar el turismo de manera más coordinada y con resultados sostenidos.
Conectividad e infraestructura
La conectividad aérea internacional continúa siendo uno de los principales cuellos de botella. Hoy Chile mantiene menos rutas directas que antes de la pandemia, lo que reduce la llegada de visitantes desde mercados estratégicos. A ello se suman pasos fronterizos con demoras considerables y aeropuertos regionales que aún no logran responder al flujo creciente de pasajeros.
Seguridad y percepción internacional
Un elemento cada vez más determinante en la decisión de los viajeros es la seguridad. La noticia subraya que la percepción de inseguridad urbana afecta directamente la “marca país”. Cualquier estrategia de crecimiento turístico debe enfrentar este punto de forma prioritaria, ya que no se trata solo de cifras de delincuencia, sino de la confianza que un destino genera en quienes lo visitan.
Áreas protegidas y sostenibilidad
Chile posee un enorme capital natural, con más del 20% del territorio bajo alguna figura de protección. Sin embargo, la gestión turística de estas áreas enfrenta limitaciones presupuestarias y de control. La presión sobre destinos icónicos como Torres del Paine o Rapa Nui obliga a repensar la forma en que se administran estos espacios para compatibilizar conservación y desarrollo económico.
Promoción internacional
Otro aspecto central que recoge la noticia es la inversión en promoción turística. Chile destina menos recursos a nivel internacional que otros países de la región, lo que se traduce en menor visibilidad y en una presencia más débil en los mercados emisores de mayor valor. La competencia regional, especialmente de Perú, Colombia y Argentina, obliga a un esfuerzo mucho más sostenido en posicionamiento.
Estabilidad económica y costos internos
El contexto macroeconómico también pesa. La inflación de los últimos años ha encarecido servicios como alojamiento y transporte, lo que nos hace menos competitivos frente a destinos vecinos. El turismo es un sector altamente sensible a los precios, y los costos internos son parte de los elementos que definen si un visitante elige Chile o busca alternativas más accesibles.
Migración y normativa
Finalmente, un aspecto que apenas comienza a instalarse en el debate es la política migratoria vinculada al turismo. Chile no cuenta hoy con visados específicos que faciliten el ingreso de visitantes de determinados mercados prioritarios o de segmentos con alto poder adquisitivo. Otros países de la región han avanzado en este tipo de herramientas, lo que representa un desafío para que Chile no quede rezagado.
La noticia de El Mercurio no solo plantea un número: ocho millones de visitantes al 2030. Pone en evidencia que para alcanzar esa cifra se necesita mucho más que atractivos naturales y hospitalidad. Implica cambios en la forma en que el país gestiona su institucionalidad turística, cómo mejora su conectividad, cómo enfrenta los problemas de seguridad, cómo financia la sostenibilidad de sus áreas protegidas, cómo se promociona en el mundo y cómo responde con flexibilidad a los desafíos normativos y económicos.
El camino hacia esa meta está lleno de oportunidades, pero también de riesgos. Si no se abordan estas brechas con una visión integral y de largo plazo, el país podría estancarse en el nivel actual de crecimiento. En cambio, si se aprovecha este desafío como un motor de modernización, Chile no solo podrá recibir más turistas, sino también consolidar al turismo como un eje estratégico de desarrollo nacional.