Resiliencia Estratégica: La Nueva Matriz de Competitividad Turística ante el Cambio Climático

La industria turística global y nacional se encuentra en un punto de inflexión. Durante décadas, el desarrollo de destinos se basó en la explotación de activos naturales estáticos, asumiendo una estabilidad climática que hoy es inexistente. En Chile, la variabilidad del clima —manifestada en el estrés hídrico, la alteración de la isoterma, la erosión costera y el aumento de eventos extremos— ha dejado de ser un riesgo proyectado para convertirse en una variable crítica de la gestión empresarial y territorial.

La supervivencia y competitividad del sector ya no residen en la promoción intensiva de atractivos tradicionales, sino en la capacidad de las organizaciones y destinos para reconfigurar su oferta bajo un modelo de diversificación adaptativa. Este cambio de paradigma está alineado con las directrices de la Declaración de Glasgow sobre la Acción Climática en el Turismo, promovida por ONU Turismo (ex OMT), la cual establece la urgencia de reducir las emisiones y regenerar los ecosistemas como una condición indispensable para la viabilidad económica a largo plazo.

El Marco Regulatorio: La Hoja de Ruta Nacional

En Chile, este cambio de enfoque cuenta con un respaldo institucional robusto a través del Plan Sectorial de Adaptación al Cambio Climático del Turismo (PSACCT 2025-2030), aprobado recientemente por el Consejo de Ministros para la Sustentabilidad y el Cambio Climático.

Este plan no es solo un documento normativo; constituye una herramienta de gestión para la resiliencia del sector. Sus pilares fundamentales, que deben integrar las empresas de alto rendimiento, incluyen:

  • Conservación y Restauración: La transición hacia modelos donde la infraestructura turística no solo minimiza su huella, sino que contribuye activamente a la restauración de la biodiversidad y la protección de recursos naturales.
  • Gestión del Riesgo Territorial: Una aproximación proactiva que utiliza herramientas como el Índice de Saturación de Destinos Turísticos (ISDT) para entender el impacto integral del turismo en ecosistemas vulnerables, permitiendo planificar con datos precisos antes de que el daño sea irreversible.
  • Articulación Intersectorial: La comprensión de que el éxito turístico depende hoy de la coordinación con carteras de Obras Públicas, Transporte y Energía, asegurando que la infraestructura crítica sea capaz de resistir las nuevas condiciones climáticas.

Diversificación como Estrategia de Mitigación

La dependencia de un solo producto (el modelo de “monoproducción”) —por ejemplo, el turismo exclusivo de nieve o la dependencia estacional de playas— representa hoy una fragilidad financiera extrema. Cuando el recurso principal se ve alterado por el clima, la rentabilidad del destino colapsa.

La diversificación estratégica, impulsada tanto por SERNATUR como por estándares internacionales, propone pasar de una oferta basada en la “explotación de activos” a una basada en la “gestión de sistemas regenerativos”. Esto implica:

  1. Desestacionalización Inteligente: El diseño de experiencias que traccionen demanda fuera de los periodos de mayor estrés climático, reduciendo la presión sobre los recursos en meses críticos y estabilizando los flujos de caja anuales.
  2. Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN): La integración de la regeneración ecosistémica en el corazón de la experiencia turística. El turista contemporáneo valora y está dispuesto a financiar destinos que demuestren un compromiso tangible con la protección de cuencas, la reforestación y la preservación de la resiliencia costera.
  3. Valoración de Activos Ocultos: La identificación y puesta en valor de elementos bioculturales, patrimoniales y científicos que poseen una alta resiliencia frente a los cambios ambientales, permitiendo que el destino mantenga su atractivo incluso cuando los recursos naturales primarios sufren variaciones.

El Compromiso con el Futuro

La adopción de estas estrategias no es una concesión ética, sino una decisión financiera inteligente. Los mercados emisores internacionales, alineados con los compromisos de la Declaración de Glasgow, exigen transparencia en la huella de carbono y certificaciones de sostenibilidad comprobables. Las empresas turísticas que no logren adaptar su modelo de negocio hacia la regeneración y la resiliencia perderán acceso a estos segmentos de alta valoración y estarán expuestas a una mayor vulnerabilidad operativa frente a eventos de fuerza mayor.

En Táctica Chile, entendemos que el futuro de la competitividad regional —particularmente en zonas de alta sensibilidad como la Macrozona Sur— requiere abandonar la improvisación. La creación de valor turístico hoy depende de una arquitectura de proyecto que integre la adaptación climática desde su concepción, garantizando que los activos del territorio no solo sobrevivan, sino que se fortalezcan frente a la realidad climática global.

La oportunidad está en liderar esta transición, transformando el desafío ambiental en el principal atributo diferenciador de nuestra propuesta de valor.

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